Te voy a decir algo que probablemente ya sientes pero no has terminado de poner en palabras: has visto la temporada 3 (o estás a punto), y hay algo que no encaja del todo… pero aun así no puedes dejar de pensar en ella.
Y no, no es porque sea la mejor temporada de la historia, es porque hace algo que muchas series ya no hacen: te incomoda un poco.
Porque sí, todos queríamos más Besos, Kitty, pero lo que nadie esperaba es que la serie dejara de ser tan “fácil” de ver, y eso cambia todo.

Qué pasa con esta temporada (y por qué se siente diferente)
Hay un punto en el que te das cuenta de que esto ya no va solo de romance adolescente ni de situaciones bonitas que se arreglan en 40 minutos. La tercera temporada entra en un terreno más incómodo, donde los personajes no siempre hacen lo que esperas y donde las cosas no se resuelven como te gustaría.
Aunque al principio te choque, es lo que hace que funcione.
Porque ya no estás viendo una historia idealizada. Estás viendo algo más cercano a lo que pasa en la vida real: decisiones impulsivas, dudas constantes y momentos en los que nadie tiene claro qué está haciendo… ni por qué.
Si alguna vez has estado en una situación donde sabías que algo no iba bien pero aun así seguiste adelante, vas a conectar con esto más de lo que te gustaría admitir.
Y este es solo el principio.

Relaciones que ya no son “bonitas”… y por eso enganchan más
Uno de los cambios más evidentes está en cómo se construyen las relaciones. Lo que antes parecía más claro —Kitty con Dae, ese amor a distancia con vibra de destino— aquí se rompe en mil matices. No porque la serie quiera drama por drama, sino porque introduce algo mucho más incómodo: las emociones cambian, incluso cuando tú no quieres que cambien.
La historia entre Kitty y Dae deja de ser ese refugio seguro. Entre secretos del pasado, decisiones mal gestionadas y esa sensación constante de “esto ya no es lo mismo”, lo que antes parecía estable empieza a tambalearse y no hay un momento exacto donde todo se rompe… es más bien ese desgaste lento que ves venir pero no sabes frenar.
Y en medio de todo eso, aparecen otras conexiones que complican aún más el escenario. La dinámica con Yuri, por ejemplo, deja de ser secundaria para convertirse en algo mucho más ambiguo, más difícil de etiquetar. No es una relación que la serie te explique con claridad, ni tampoco te la resuelve rápido. Y ahí está la gracia… y también la incomodidad.
Luego está Min Ho, que pasa de ser casi un alivio cómico a convertirse en alguien que empieza a ocupar un espacio real en la historia emocional de Kitty. No porque sea perfecto —de hecho, está lejos de serlo— sino porque su evolución se siente más orgánica de lo que esperabas y cuando te das cuenta de eso, ya es tarde: ya estás dentro.

El resultado de todo esto es que ya no hay una relación “correcta”, no hay un camino evidente y eso hace que te impliques mucho más de lo que pensabas.

Kitty cambia… y no todo el mundo va a estar de acuerdo con eso
Aquí es donde la serie se la juega de verdad.
Kitty ya no es la misma del principio, y eso no significa simplemente “ha madurado y ahora todo es mejor”. Significa que toma decisiones que no siempre tienen sentido, que se equivoca más de lo que te gustaría y que, en algunos momentos, puede incluso sacarte de quicio.
Pero es que eso es crecer.
Y aquí viene lo interesante: la serie no intenta suavizarlo para que te caiga bien todo el tiempo. Deja que el personaje evolucione de forma imperfecta, con contradicciones, con impulsos y con errores.
Puede que haya momentos en los que pienses “esto no me cuadra”, pero si te paras a pensarlo, probablemente en la vida real tampoco todo cuadra.
Ahí es donde la serie gana puntos… aunque te haga enfadarte por el camino.

El punto donde la temporada 3 se la juega (y no poco)
Hay algo que se nota desde los primeros capítulos de esta tercera temporada, y es que ya no están jugando a lo seguro. No es la típica continuación pensada para contentar a todo el mundo y mantener el mismo tono cómodo de siempre. Aquí hay decisiones que claramente van a dividir a la gente, y no porque estén mal hechas, sino porque no buscan agradar, buscan provocar algo en ti.
Y claro, eso es un arma de doble filo.
Porque cuando una serie empieza a tomar este tipo de riesgos, pasa algo inevitable: deja de ser “fácil”. Ya no puedes verla solo por entretenimiento ligero mientras haces scroll en el móvil.
Ahora te obliga a implicarte, a tomar partido, incluso a discutir con lo que estás viendo y eso, aunque suene contradictorio, es justo lo que hace que no puedas dejar de verla.
El problema —o el acierto, dependiendo de cómo lo mires— es que no todo el mundo está preparado para ese cambio.
Hay momentos en los que sientes que ciertas decisiones no van hacia donde tú querías, y ahí es donde aparece la frustración. Pero si lo piensas bien, eso también es lo que hace que la historia se sienta más real.
Porque en la vida nadie toma decisiones pensando en lo que el espectador quiere, y aquí han decidido respetar eso, aunque implique incomodar.
Y sí, eso tiene un precio. No vas a salir de todos los capítulos con una sensación bonita ni con todo perfectamente cerrado, pero a cambio, te llevas algo que muchas series no consiguen: que sigas pensando en lo que has visto incluso después de apagar la pantalla.

¿Entonces… vale la pena verla o no?
Si te gustaban las primeras temporadas porque eran fáciles, rápidas y te hacían sentir bien sin complicarte demasiado, esta tercera puede sacarte un poco de tu zona cómoda.
Pero si te gustan las historias donde los personajes evolucionan de verdad, aunque eso implique verlos tomar malas decisiones y meterse en líos… entonces sí, te va a enganchar más de lo que esperas.

No es mejor en el sentido clásico, pero sí es más interesante y eso, a largo plazo, vale más.

Si te dejó ese vacío raro… esto te puede gustar
Ese momento en el que terminas la temporada y te quedas pensando:
“vale… ¿y ahora qué hago con esto?”
Ahí es donde sabes que la serie ha hecho bien su trabajo.
Si estás en ese punto, hay historias que tienen ese mismo tipo de energía:
- “A todos los chicos de los que me enamoré” – Jenny Han (disponible en Netflix)
Más ligera, más dulce… pero con ese mismo corazón que engancha - “Normal People” – Sally Rooney (disponible en Movistar Plus+)
Mucho más intensa, más incómoda… y probablemente te deje pensando varios días
Este tipo de historias no son para todo el mundo, pero si conectas con ellas… es difícil soltarlas.
También puedes probar con Never Have I Ever («Yo nunca» disponible en Netflix) o The Summer I Turned Pretty («El verano en que me enamoré» disponible en Prime Video), que tienen ese mismo punto emocional que parece ligero… hasta que deja de serlo.

Y ahora, siendo honestos…
Besos, Kitty nunca fue la mejor serie del mundo.
Pero tampoco lo necesita, porque tiene algo que muchas producciones más grandes han perdido:
consigue que sientas algo real, aunque no siempre sea bonito.
Y si alguna vez te has visto reflejado en decisiones que no tienen mucho sentido, en emociones que no sabes explicar o en relaciones que no encajan del todo… entonces entiendes perfectamente por qué esta temporada funciona.
Si te gustan las historias que te hacen sentir aunque no sean cómodas… quédate cerca.
Porque las que se sienten fáciles se olvidan rápido. Las que te remueven un poco… esas se quedan contigo.

Puntuación

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